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“Ni el mate cocido que les sirven”

(EL DIARIO REGIONAL, 19/04/2006) Esta semana cumplirá dos años la Ordenanza 55/04, que creó una zona especialmente dedicada al desarrollo de la actividad nocturna en el distrito, y que por entonces se anunció como la solución a los interminables reclamos de los vecinos afectados por la cercanía de algún comercio del rubro.

Inicialmente, se establecieron tres zonas sobre la Av. Estanislao López (ex Ruta Nac. Nº 8) que, cada una por su lado, albergarían pubs, boliches y bailantas. En la misma Ordenanza se prohibía la radicación de ese tipo de actividades en otras zonas de la ciudad. Además, el gobierno había asegurado que se colocaría un importante operativo policial tendiente a "evitar accidentes y disturbios".

Para aprobar la ordenanza, el concejal Carlos Olivera argumentó que "vamos a tener que seguir trabajando sobre esta zona para que la misma cuente con todas las garantías de seguridad para que la juventud de Pilar pueda salir a disfrutar la noche...". A su turno, el concejal Estanislao Alvarez se lamentaba al afirmar que (a causa de las actividades nocturnas) "tenemos que tener a los vecinos dentro de las comisiones de obras públicas específicamente, donde vienen y se quejan de los ruidos molestos que existen en las cercanías de estos boliches bailables...", y proseguía "creo que este sector que se está tratando de concentrar que es en la Ruta 8 puede llegar a ser beneficioso...".

Aprobada la ordenanza, la voz de los vecinos no se hizo esperar: más de doscientas firmas le exigieron —y lograron— que el intendente Zúccaro vetara la ordenanza en su artículo 3, referido a la zona de bailantas. El resto de los artículos, con algunas idas y vueltas, continuó vigente.
Pero hoy el tema vuelve a ser nota de tapa en los medios locales: "La violencia gana terreno en el corredor nocturno de la ruta 8", "El alcohol y las riñas callejeras son una constante", tituló El Diario Regional en su edición del Domingo pasado. La situación está poco menos que descontrolada: "Estamos hartos de esta situación. Estamos podridos. Quisiera saber si algún funcionario estaría dispuesto a vivir como vivimos nosotros, con miedo y encerrados", denunció una vecina de lugar, y agregó: "he tenido que levantar materia fecal de gente que usa las veredas de baño".

La protesta vecinal de hace dos años terminó torciéndole el brazo al intendente Zúccaro, quien había descartado públicamente toda posibilidad de rever la medida, diciendo que los reclamos deberían haberse formulado antes. Pero lo más relevante de toda esta cuestión, es que tanto el Concejo Deliberante como el mismísimo intendente recibieron hace dos años una propuesta que, de haber sido tenida en cuenta, hubiera evitado la insoportable situación que hoy padecen cientos de familias de la zona. Básicamente, los vecinos proponían que se legisle de manera similar a como se lo hizo en Saladillo: disponiendo restricciones sólo en determinados lugares (como cercanías de escuelas, hospitales, etc.), pero no "amontonándolas" en una zona residencial, y mucho menos sobre una ruta nacional como era hasta poco tiempo atrás la ruta 8.

Ahora la solución que se necesita es más compleja; la incapacidad de nuestro gobierno transformó una cuestión delicada en una situación descontrolada. Esperemos que los ediles que sancionaron la ordenanza 55 esta vez no tengan que organizar ningún "congreso latinoamericano de parlamentos municipales", y puedan abocarse a trabajar para resolver el problema que ellos mismos generaron. Supongo que para eso cobran su dieta, aunque al decir del concejal zuccarista Miguel Saric, algunos "no se ganan ni el mate cocido que les sirven".

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