jueves, 17 de junio de 2010

El Pilar que el gobierno desea que no conozcamos

Luego de meses de reclamar formalmente acceder al “Informe sobre la pobreza en Pilar”, y de escuchar al jefe comunal excusarse con un inaceptable “no es el momento”, el gobierno municipal organizó un simposio que dio en llamar “El Pilar que muchos no conocen”. Pero, a juzgar por lo dificultoso que resultó colocar a la pobreza en la agenda del alcalde, y lo insuficiente de los datos presentados en la mañana del viernes, hubiera sido más apropiado denominarlo “El Pilar que el gobierno desea que no conozcamos”.

Aunque allí se habló de unas 70 mil personas en situación de pobreza, las oradoras —todas mujeres— se refirieron a hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI). Es una mirada miope, hecha desde las alturas del poder; al menos, esa parece ser la forma en la que el gobierno releva a nuestros vecinos pobres, ya que durante su exposición, una de las expositoras comentó como un dato “revelador” que “entre marzo de 2009 y mayo de este año la población de San Alejo creció en 32 manzanas” (SIC).

Esa afirmación terminó de confirmarme lo que me preguntaba en esta misma columna hace dos semanas atrás: que para Humberto Zúccaro, no existe la pobreza en el Distrito, o en el mejor de los casos, como él mismo dijo “Pilar no está tan mal como muchas veces pensamos” (El Diario Regional, 17/04/10).

Ofende a los pobres —y a quienes no lo somos— referirse a ellos no ya como un mero número de personas, sino como un mero número de manzanas. Lejos está el gobierno, principal responsable de la persistencia del flagelo, llevar adelante acciones que reviertan la pobreza, si “mide” a los pobres por manzanas; o si supone que “tan mal no estamos”.

Permítanme aclarar algo: la pobreza en Pilar es alarmante, dolorosa… y superior a la que admite el gobierno. El Distrito produce lo suficiente para ser habitado dignamente por una población siete veces mayor a la actual, y sin embargo, uno de cada 3,4 pilarenses es pobre por ingresos: 94 mil de los 320 mil habitantes que hoy somos (no somos ni 300 mil como dijo el gobierno en la respuesta que me envió, ni 350 mil como rectificaron en el simposio del Lope de Vega). Ese  inadmisible número de pilarenses pobres crece día a día, porque el incesante aumento de precios de los alimentos de la canasta básica le pega de lleno a los más humildes de entre los humildes. Precisamente son ellos quienes tienen ingresos que no están atados a ninguna negociación sindical, porque sus trabajos son informales, o porque perciben algún plan social que tampoco se ajusta. Así, en pocos meses más, los 50 mil beneficiarios de la asignación universal por hijo de Pilar, verán disminuir la capacidad adquisitiva de su ayuda a la mitad, porque la inflación castiga con impiedad a todo aquél que posee ingresos fijos (asalariados informales sin aumentos colectivos, beneficiarios de planes sociales, jubilados y pensionados).

Los más pobres son los jóvenes
De acuerdo a proyecciones censales, y a un estudio hecho en 2009 por IDeSA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino), en la población hasta 18 años de edad la pobreza asciende al 41% (en Pilar, 56 mil de 136 mil niños y jóvenes); en la población entre 19 y 60 años, la incidencia de la pobreza es del 22% (35 mil de 160 mil adultos); y entre los mayores de 60 años, la pobreza llega al 12% (3 mil de 25 mil mayores).
Otro elemento inquietante es que más de diez mil jóvenes de entre 15 y 24 años no estudian ni trabajan (es la tristemente llamada generación ni-ni). A ellos sólo se los rescatará de la exclusión llevando adelante una intervención constante y sistemática, avanzando hacia la promoción social; implementando políticas socio-productivas, fomentando la creación de empleo, la mejora en las condiciones laborales, la articulación de proyectos productivos en cadena de valor, etc.

“La pobreza, de la que muchos hablan porque les gusta hablar, se combate con el concepto claro de integración. Muchos se dan cuenta ahora de los dos pilares que existen, pero desde el 2003 que nosotros estamos tratando de integrarlos”, sentenció molesto el jefe comunal. Sin embargo, según el especialista Rubén Katzman “la lentitud con que se va procesando el decaimiento de los espacios pluriclasistas de sociabilidad informal en las ciudades hace que sus consecuencias sobre la integración social pasen muchas veces inadvertidas para las mayorías ciudadanas. Por ende, sus efectos son usualmente subestimados como factor de integración, como fuentes de renovación de las reservas de altruismo, solidaridad y de actitudes de aversión a la desigualdad”.
¿Qué puede decir Zúccaro con respecto al desarrollo de espacios pluriclasistas en el Distrito, cuando fue él desde su banca de concejal, o desde su sillón de intendente, el que permitió incontables excepciones al Código de Zonificación, para que otros tantos enclaves privados fueran aislando definitivamente barrios y localidades de Pilar innumerables metros y más metros de calles públicas vendidas al mejor postor, o al más amigo, engrosando así el territorio de lo privado? Por desconocimiento o por conveniencia, Humberto Zúccaro ha impulsado la mayor parte de las normas que hacen de Pilar lo que hoy es: un Municipio fragmentado social y espacialmente, con casi un tercio de su población pobre, con servicios públicos que apenas alcanzan, como el de cloacas, a menos de 2 de cada 10 habitantes. Salvo la saludable iniciativa de las escuelas municipales, los adolescentes pobres no tienen acceso a lugares ni a actividades en las que desarrollarse. Sólo son considerados como mano de obra informal, generándoseles así sentimientos de apatía y desinterés.
La gestión actual ha llevado a Pilar a estar en el lugar 129 (sobre 134 municipios) en el índice de desarrollo humano (IDH) de la Provincia de Buenos Aires, siendo el IDH uno de las tres maneras que se aceptan para medir la pobreza (las otras dos son el índice de NBI y la línea de pobreza basada en el ingreso).
De algo estoy seguro: ni el gobierno, ni nadie, por sí solo, resolverá de manera sustentable la pobreza. Se deben desarrollar soluciones coordinadas que permitan ir resolviendo de manera progresiva cada una de las caras de la pobreza. Para ello, no hacen falta crear ninguna “Unidad de Gestión Local Descentralizada (UGELD), donde trabajen grupos y organizaciones sociales que colaboren con el Estado para enfrentar los problemas que demanda la sociedad”, según propuso el gobierno al finalizar el encuentro. Esas asociaciones suelen terminar en la nada; basta recordar la Agencia de Desarrollo Local, el Consejo Permanente de Políticas Públicas Saludables, y tantas otras “unidades” y “consejos” como problemas que enfrenta el gobierno.

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