sábado, 16 de octubre de 2010

Depredadores


Confieso que no sabía del alambrado que corre a lo largo de Leandro N. Alem, calle que separa el Barrio abierto El Buen Amigo del Mapuche C.C. Fue colocado por el country hace alrededor de un año, no sobre la línea municipal, sino usurpando unos 3 metros de espacio público. Habría sido puesto con el visto bueno del gobierno: “Sí, justamente eso es lo que nosotros solicitamos (a la Municipalidad) permiso para hacer”, reconoció el gerente de Mapuche.

Por si fuera poco, la semana pasada una mayoría de concejales levantaron sus manos para aprobar la cesión a favor del country de más veredas, esta vez sobre la calle Derqui. Esta calle motivó una denuncia que publiqué el 1º de diciembre de 2004 (“La gran estafa”): “A los vecinos de la calle Derqui, arteria que hasta ahora une la Ruta 8 con la colectora de Panamericana entre el Country Mapuche y su campo de deportes, no les irá bien: el municipio decidió vender unas cuadras de dicha calle al country, de modo que los vecinos no podrán utilizarla; para llegar a Panamericana, deberán hacer unas cuantas cuadras más”.

Aunque la situación aquí planteada se refiere al country Mapuche, está lejos de ser inusual. Pareciera ser que la ley contiene con sus límites a algunos, pero no logra alcanzar a demasiadas urbanizaciones cerradas de Pilar, para quienes las normas son un obstáculo que debe ser sorteado. Convalidados por distintas administraciones gubernamentales tanto provinciales como locales, casi ningún emprendimiento privado respetó los 7 kilómetros de separación entre sus puntos más cercanos que establece la Ley provincial 8912 de 1977. Tampoco respetaron los 7,5 metros de franja perimetral mínima, que es mandatoria, siempre que el country no tenga resuelta su circulación perimetral. En casos como el de Mapuche y la calle Alem, el Estado ya le había otorgado al country la concesión de no tener que dejar dicha franja en su interior. Pero que ahora Mapuche pretenda además una franja de vereda pública, resulta cuanto menos abusivo. Y hablando de abusos, mire el lector a su alrededor cuántos emprendimientos construyeron la obligada vereda perimetral: no va a encontrar demasiados. En los pocos casos que sí lo hicieron, como el Mayling C.C., cometieron el desatino de publicitar su “obra” con un cartel que reza “Este sendero es un aporte a la comunidad de Mayling C.C.” (nada que envidiarle al intendente Zúccaro y la arrogancia de pintar su nombre hasta en las ambulancias). Para colmarlos de “concesiones”, el municipio analiza en estos días destinar recursos municipales a monitorear las cámaras de vigilancia que poseen las urbanizaciones cerradas.

Me pregunto porqué quienes gobiernan consideran que los bienes —que deberían administrar con prudencia mayúscula— les pertenecen, y pueden disponer de ellos a su antojo? Decía Perón que “los muchachos son buenos, pero si se los controla, son mejores”, refiriéndose a la conveniencia de establecer mecanismos de control gubernamental. Después de 7 años, y considerando las permanentes excepciones y “vista gorda”, queda claro que tanto el intendente Humberto Zúccaro como sus concejales y los otros (pretendidos opositores que comparten con los ediles oficialistas “la misma vereda”) son muchachos que nadie controla, y muchos dudamos que sean buenos.

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