jueves, 20 de enero de 2011

Boqueteros

Como boqueteros que trabajando en la oscuridad de un túnel, perforan paredes y se alzan con el botín, el gobierno de Pilar intenta lograr la aprobación de una iniciativa de manera solapada, fuera del
período de sesiones ordinarias, y cuando el calor de enero diluye la posibilidad de que
la oposición reaccione. Se trata de la creación de una policía municipal, fuerza
que estaría bajo la órbita de una secretaría de seguridad. Como no podía ser de otra
manera, a la policía de la provincia le resulta una idea "fabulosa": saben que la
policía municipal no resolverá en nada la grave situación de inseguridad, pero al
menos desde ahora —de aprobarse la propuesta— su responsabilidad será
compartida.
La nueva policía local contaría con la supervisión de un “consejo de seguridad”, encabezado por el intendente Humberto Zúccaro, e integrado de manera casi excluyente por representantes de entidades y urbanizaciones privadas: será como estatizar la gestión de seguridad para ofrecérsela gratis a algunos pocos privilegiados con poder. Tercerizar una función tan vital como el manejo de la seguridad no es aceptable para nadie que pretenda vivir en una sociedad equitativa, pero para quienes integran el gobierno de Pilar, que se define como progresista, debería serlo aún menos (N. del A.: el mismo día 15/12 en que se escribió esta columna de opinión, el Secretario de Gobierno expresó que el consejo de seguridad no era tal, sino que no era más
que “un trabajo coordinado” entre el gobierno, la policía y los privados).
A mediados del año pasado, el Gobierno aceptó la propuesta de algunos barrios cerrados que, con la aprobación de los foros de seguridad, proponían instalar garitas de seguridad en la Panamericana,
con policías de la provincia, o eventualmente gendarmes. Antes, se propuso la conformación del “OSIC”, un
organismo que bajo el manto de ser un espacio que garantizaría la participación de todos, era en realidad lo mismo que el “consejo de seguridad” que se pretende crear ahora: la cabina de mando que el gobierno había diseñado para "privatizar" la seguridad en manos de los clubes de campo.
A pesar de su vigor inicial, las 2 iniciativas anteriores fueron finalmente archivadas. El entonces titular de la Cámara de Comerciantes de Del Viso, entrevistado por el programa Materia Prima (FM Plaza), tuvo en esa oportunidad expresiones inquietantes: queriendo justificar las garitas sobre la Panamericana, propuestas por el emprendimiento Ayres del Pilar, dijo que "las garitas no son exclusivamente para controlar a los countries"; pero luego lanzó una afirmación premonitoria: "esto va a estar controlado y monitoreado por los barrios cerrados, que son los que pagan".
En mi opinión, antes de instrumentar esta “nueva” propuesta de seguridad, el gobierno de Zúccaro debería resolver si su declamación de un “Pilar para todos” es genuina, o se trata sólo de una puesta en escena. Si es sincera, reconocerá que la seguridad en manos del sector privado, sin la participación amplia de la comunidad, priva de seguridad a la mayoría de los vecinos. En materia de seguridad pública,
necesitamos que las decisiones sigan siendo públicas. Ya bastante desigual es nuestro distrito como para tolerar más inequidad y desintegración.

domingo, 2 de enero de 2011

Los desafíos del 2011


Empezó el año nuevo. Hoy el 2011 es una hoja en blanco que empezamos a escribir. Es un deseo que dependerá de cada uno de nosotros que sea realidad. Si nuestra mirada del porvenir se queda a la espera de que las cosas sucedan, es probable que otro año más finalice sin que nada haya cambiado.
En política el 2011 tendrá un significado especial. La consolidación económica diluyó las expectativas de algunos sectores de la oposición, que vieron fracasar, una tras otra, varias de sus premoniciones más oscuras, al tiempo que fortaleció la posición del oficialismo.
La situación presente ofrece a ambos, gobierno y oposición, una oportunidad inmejorable para reformular y reimpulsar propuestas que no deben dejarse en el olvido. Me refiero a la iniciativa denominada “Diálogo Argentino” que fuera promovido por el Episcopado de la Iglesia Católica, y apoyado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a fines de 2001; el Diálogo se fue consolidando desde enero de 2002, al asumir la presidencia Eduardo Duhalde.
Por entonces, el bonaerense dijo que “estaremos trabajando juntos con las fuerzas políticas, empresariales, laborales y organizaciones no gubernamentales, en la elaboración inmediata de un programa de salvación nacional”… “No son horas de festejos las que corren. Sin embargo, son horas de esperanza, porque estamos asistiendo a una experiencia inédita en nuestra vida política”.
Claro que siempre, “todo termina al fin”, y también se truncaron los loables objetivos del espacio multisectorial conformado en aquellos días de disgregación social y ausencia de Estado.
Sin embargo, aquella experiencia me motivó, hace algunos días, a proponer la creación de un espacio que podría denominarse “Diálogo pilarense”, en el que podamos rescatar entre todos, trabajadores, empresarios, sectores no gubernamentales y gobierno, los propósitos de la experiencia nacional, en especial aquellos vinculados a la elaboración de políticas de estado, esas que necesariamente deben perdurar más allá de los ocasionales habitantes del palacio municipal.
Lo hice en un brindis del que participaron algunos dirigentes políticos, y miembros de distintas ONG con actuación en nuestro distrito. Quedé sorprendido por la generosa y optimista recepción que tuvo la propuesta de crear el “Diálogo” a nivel local.
Esta es una columna de buenos augurios. Quienes nos entusiasmamos con la propuesta del Diálogo Pilarense, ya estamos convocando a quienes quieran integrarla. Ojalá estemos todos. No para ponernos de acuerdo, sino más bien para ayudarnos a construir una visión completa sobre nuestra sociedad, que sin dudas no es la mía, ni la del gobierno, ni la de ningún otro pilarense; es la suma de todas esas miradas. Algunos convocados ya levantaron su guardia: “esa idea es funcional al oficialismo, sea el que fuere”, advirtieron con pesimismo. No lo creo así: el diálogo es ante todo abrirnos a la mirada del otro, para que en ese proceso enriquezcamos nuestra propia mirada. Se trata de un desafío trascendental; aceptarlo, independientemente de los resultados, ya es en cierta forma un logro. Y por estas horas de saludos fraternales y deseos de buenos augurios, nos debemos la posibilidad de soñar con un Pilar en el que quepamos todos, y en el que la integración social se materialice en oportunidades para cada uno de nosotros. Ya es hora. Feliz 2011.