domingo, 27 de febrero de 2005

Espejismo

Juan Domingo Perón decía que “la sorpresa es un principio de conducción, es el factor que nos permite sacar ventaja de un momento de inacción del adversario, por no haber previsto un incidente que va a producirse”.

A nuestro intendente, que se define como un peronista de la primera hora, le falta releer al General Perón: las acciones sorpresivas a las que se refería el caudillo no son las que caen en el ridículo. Haber convocado a una conferencia de prensa para explicar que la tosquera del barrio Pellegrini “no es una tosquera” fue —en palabras de un alto funcionario— “una payasada”.

Pero el incidente de la tosquera no es único; cada localidad tiene sus propias “Lagunas Doradas”. ¿Porqué hay tantos conflictos en los barrios? ¿porqué crece el descontento con un gobierno que supo tener un alto porcentaje de imagen positiva?: seguramente, será porque —a pesar de su discurso— el gobierno no es participativo; mucho menos, “de puertas abiertas”. Pero, ¿podría ser de otra manera?: no mientras Zúccaro sea intendente; su estilo de “gestión” necesita que no exista acceso a la información pública, y que la participación sea sólo la de los grupos de presión que tienen intereses en conseguir favores. Cuando se le preguntó al Director de Planeamiento quiénes habían colaborado con el gobierno para elaborar la propuesta del nuevo Código de Zonificación que estaba presentando, respondió “inversores, agrimensores, arquitectos”, pero se negó a dar nombres.

La promesa de asfaltos, como muchas veces comentamos en esta columna, es sólo eso: una promesa; lo grave es que las promesas no sirven para que las niñas y niños puedan llegar a la escuela sin embarrarse hasta las rodillas; ni para que las ambulancias y bomberos puedan entrar en los barrios. Así como la empresa CTI ofreció una donación de cien mil pesos para que el municipio le permita plantar dieciséis antenas de telefonía celular, el colmo sería que la tosquera ofrezca asfaltos para poder seguir extrayendo tosca y violando la ley.

Hay quienes aún confían en que la realidad es la que nos cuentan desde el gobierno, de “gestión”, de “puertas abiertas”, de “un Pilar para todos”. Desconocen que el sistema de salud está colapsado, que el “transporte que viene” es peor del que ya vino, porque la licitación de sus recorridos fue otro espejismo, que las puertas nunca estuvieron tan cerradas, porque el gobierno no responde consulta alguna de las que se le formulan desde la sociedad civil. Por caso, cuando el mes pasado pedimos en el HCD ver el expediente por el cual se aprueba la instalación de 16 antenas de telefonía celular, nos lo negaron. Y cuando la Defensoría del Pueblo quiso conocer cómo se gastaba el dinero de todos en publicidad oficial, el Jefe de Gabinete y explicador oficial Osvaldo Pugliese contestó que “esos gastos se encuentran dentro de las facultades discrecionales” del Intendente; tal respuesta (siendo generosos al definir como “respuesta” tamaño desatino) provocó la insistencia de la Defensoría; del lado del gobierno hubo sólo silencio.

Hay quienes dicen que la publicidad oficial es una ayuda sin la cual algunos medios no sobrevivirían; quizás sea cierto, pero en tal caso, surge la idea de que los que se benefician de la “ayuda” municipal deben tener que dar algo a cambio.
Una prueba de ello es que mientras El Diario Regional titulaba “Tosquera en el Pellegrini: la explicación del gobierno rozó el papelón”, en otros medios se afirmaba que Laguna Dorada Del Pilar iba a ser un emprendimiento “tipo Nordelta”.

De cualquier manera, no importa aquí el comportamiento de cierta prensa adicta, incapaz de funcionar sin ayuda oficial; tarde o temprano la sociedad reconocerá el engaño y desaparecerán. Sí importa la falta de capacidad del gobierno para asumir sus responsabilidades de manera pública y transparente. Hablando de principios, tan olvidados por estos tiempos, Perón decía que “entre las diversas clases de incapacidad, la más peligrosa es la de los que conducen; y dentro de ésta, la falta de principios y de ideales”.

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