viernes, 27 de marzo de 2020

Un instante de eternidad

Hace poco se cumplieron 30 años del día en que la sonda espacial Voyager 1, en viaje hacia el espacio interestelar, tomó una fotografía de la Tierra conocida como “un pálido punto azul”. Antes de que la sonda abandonara nuestro sistema solar, Carl Sagan (por entonces uno de los científicos de la misión, y luego productor de la icónica serie televisiva “Cosmos”) convenció a los directivos de la NASA para que la Voyager girara su cámara hacia la Tierra y capturara una selfie de nuestro planeta. Estaba a una distancia de 6.000 millones de kilómetros de casa (hoy se encuentra a más de 22.000 millones de kilómetros). La imagen muestra a la Tierra como un imperceptible punto de luz azul, algo eclipsado por el fulgor del Sol.

Si algo podemos concluir con esta imagen, es el indiscutible destino común que nos une como seres humanos. No hay fronteras en nuestro planeta, como no las hay en el universo. Tampoco debería haberlas en nuestros corazones. En consecuencia, deberíamos entender lo irracional que resulta vivir compitiendo, “ávidos de matarnos unos a otros” en lugar de esforzarnos, primero, en cooperar.

Sin embargo, la predisposición para cooperar necesita de un ingrediente imprescindible: la confianza. Y, lamentablemente, en nuestro país esa confianza desapareció hace tiempo: según un informe reciente del CONICET, instituciones como el Congreso, o como los partidos políticos o las iglesias evangélicas, presentan un nivel de confianza anclado en valores más cercanos a 1 (total desconfianza) que a 10 (total confianza).

¿Cómo comenzar a reconstruir la confianza perdida? Frente a nuestros ojos tenemos la respuesta: la pandemia de coronavirus, con esta situación de aislamiento obligatorio y angustia generalizada, nos debe permitir reconocer que nuestro destino colectivo depende del comportamiento individual. Que el cierre de las fronteras que comienza hoy en nuestro país puede ser una buena medida de corto plazo, pero en el largo, como dice el cantautor español Patxi Andión (1947-2019) “no hay salvación si no es con todos” (al menos, salvación terrena). Así, en los grupos de WhatsApp de vecinos emergen día a día más propuestas altruistas, de docentes ofreciendo clases on-line gratuitas a los chicos y chicas del barrio, o de otros que graban videos interpretando alguna canción para compartir con sus vecinos, y hacer la cuarentena más llevadera.

Cuando hayamos ganado la batalla contra el coronavirus, podremos reconocer quienes fueron parte de la solución, y quienes continuaron siendo, como desde hace décadas, parte del problema. Y actuaremos en consecuencia. Por ahora, ciudadanos de a pie, mantengamos esta actitud de responsabilidad solidaria. Démosle a nuestra existencia, mientras podamos, un instante de eternidad.


Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido… vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina del punto sobre los indistinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo... es desafiada por este punto de luz pálida. ("Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio", Carl Sagan, 1994).

viernes, 20 de marzo de 2020

100 días de buenas intenciones


100 días de gestión son el changüí con el que cuenta cualquier gobernante para mostrar resultados. También es el plazo que la ciudadanía aguarda con prudencia para ofrecerle sus cálidos aplausos o su descarnada crítica. En ese lapso se espera que el recién llegado ponga “toda la carne al asador”; así, las medidas más antipáticas, las más arriesgadas y las más esperanzadoras se toman durante ese corto período.

Hoy se cumplen 100 días del 11 de diciembre de 2019. Ese miércoles, en el parque central del Instituto Carlos Pellegrini, Federico De Achával (h) se dirigía a la multitud como nuevo intendente municipal de Pilar.

Esta vez, la pandemia desdibujó la fecha de vencimiento de ese periodo de gracia. Sin embargo, hay algunas cuestiones que no requieren demasiada espera para ser analizadas.

El representante local del Frente de Todos se sentó en su despacho de Rivadavia 660 sin un claro programa de gobierno. El cotillón de su discurso inaugural fue la prueba de esta carencia: cuando los papelitos de colores fueron cayendo al piso, y los acordes de “Salir al sol” fueron apagándose, lo que quedó en el escenario tuvo demasiado gusto a poco.

Los ataques hacia su antecesor se mantuvieron sin mengua, haciendo realidad el dicho popular “dime lo que criticas, y te diré lo que adoleces”: Achával recordó la caída de parte del techo de un aula de la escuela 25 del barrio Los Cachorros, y la falta de cupos en los comedores escolares, asegurando que iba a “acompañar a Axel después de cuatro años de abandono”. Para hacer honor a la verdad, el pretendido “abandono” comenzó muchos años atrás: en 2014, por poner un ejemplo no tan lejano, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno provincial comandado por el Daniel Scioli, recortó en Pilar 2.600 cupos de comedor y 6.400 de merienda reforzada. Ello, sin mencionar las obras de infraestructura paralizadas. Todo sucedía mientras Federico de Achával era nada menos que jefe de Gabinete del entonces intendente Humberto Zúccaro.

Desde el recinto de sesiones del HCD, los discursos del mandamás municipal estuvieron siempre dirigidos a criticar las políticas de su antecesor, como el aumento de tasas municipales en función de la inflación mayorista. Sin embargo, ya asumido, se olvidó por completo de sus críticas, manteniendo los aumentos tal como habían sido instituidos. Peor aún, algunas semanas después profundizó el ajuste hacia los bolsillos de particulares, comercios y empresas.

Sigo creyendo en las buenas intenciones de Federico de Achával. Sin embargo, más allá de las opiniones, los párrafos precedentes muestran que está en duda su actual capacidad para gobernarnos. Y, en definitiva, la vida de una comunidad se mejora con capacidad de gestión y no con buenas intenciones.

Dios quiera que superada la pandemia nos encontremos con un gobierno municipal del que nos podamos sentir orgullosos. Por ahora, guardo esa esperanza.

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